domingo, 4 de enero de 2015


"LA HISTORIA REPETIDA CUANDO DESAPARECE LA PELOTA”

EN 1982 COLON DE SANTA FE HABÍA VUELTO A LA B LUEGO DE 17 TEMPORADAS EN PRIMERA. ESTA VEZ VAMOS A RECORDAR LO OCURRIDO EN EL SEGUNDO ENCUENTRO JUGADO CON LOS SABALEROS EN ESA PROVINCIA LUEGO DEL REGRESO.
NOS REFERIMOS A LA FECHA 29 DEL TORNEO DE 1983 JUGADO EL 28 DE AGOSTO. ARSENAL EN PLENA CAÍDA LIBRE QUE LO COLOCO AL BORDE DEL DESCENSO, CON LA CANCHA HECHA UN LODAZAL SE PRODUCE UN HECHO ANORMAL PARA UN PARTIDO PERO COMÚN EN SANTA FE. FALTANDO 5 MINUTOS Y EL RESULTADO 2 A 1 CON EL ARBITRAJE DE MISIC (MIEDOSO Y LOCALISTA) LA PELOTA SALE AL LATERAL PARA ARSENAL EN EL COSTADO IZQUIERDO DE NUESTRO ATAQUE. LOS ALCANZA PELOTA COMO SIEMPRE HACIA RATO QUE “JUGABAN” SU PARTIDO.
RICARDO LUPO, NUESTRO DEFENSOR LATERAL, QUE TENIA EL FÍSICO DEL OGRO FABBIANI PERO MUY PETISO Y ACTÚO EN PRIMERA PARA QUILMES Y SAN LORENZO (JUGÓ 2 TEMPORADAS EN ARSENAL, ENTRE 1982 Y 1983) QUIERE REPONER RÁPIDO, EL ALCANZA PELOTA LA RETIENE PERPETUAMENTE Y LUPO LA RECUPERA AL MISMO TIEMPO DE METERLE UN PLANCHAZO COMO PARA PARTIR UN TIRANTE:
ESCÁNDALO EN EL CAMPO, LA PLATEA QUE TIRA DE TODO E INSULTA, ROJA PARA LUPO. EL ALCANZA PELOTA, QUE ERA UN “CHICO” DE CASI 40 AÑOS, ES RETIRADO, ALZADO COMO UN TROFEO POR OTRO AYUDANTE PARA QUE LO VEAN TODOS TIPO CIRCO ROMANO.
YA EN EL VESTUARIO IRRUMPE UN FACHERO SEÑOR A LOS GRITOS DE “SI NO LO DETIENE EL ARBITRO, LO VOY A DETENER YO”, Y LUPO FUE EN CANA VARIAS HORAS AMPARÁNDOSE EL DENUNCIANTE EN UNA LEY PROVINCIAL.

LA REVISTA ARSENAL CATALOGÓ AL VERDUGO COMO ”ESTE ES UN JUEZ DE LAS PELOTAS” PORQUE EFECTIVAMENTE ERA EL JUEZ GABRIEL LANTERI, QUE “CASUALMENTE” PRESENCIABA EL PARTIDO DESDE LAS PLATEAS. LUPO PERMANECIÓ DETENIDO VARIAS HORAS, AGREMIADOS PROTESTÓ LARGAMENTE, Y EL ALCANZA PELOTAS CON UNA PIERNA YA REPARADA Y REFORZADA CON CANILLERAS VOLVIÓ A SU TRABAJO, ESO SI, SIEMPRE CON LA JUSTICIA VIGILANDO DESDE LAS TRIBUNAS.

jueves, 1 de enero de 2015

Detrás de la Cordillera
55

Fernando Huidobro era uno de los detenidos más respetados de la prisión, con más de cincuenta años de militancia sobre sus hombros y con una conducta intachable tanto en el sindicato como en su vida privada. En las últimas elecciones había sido elegido alcalde de una importante ciudad por una abrumadora mayoría de votos. Bonachón, siempre sonriente, caminaba erguido desde su metro ochenta, entre los distintos grupos de presos, conversando con todos y siempre llevando una palabra llena de optimismo. Al hablar se alisaba la barba cana que había negado a cortarse desde el día que ingresó al penal, esta actitud le valió todo el odio de los militares que siempre lo tenían de candidato a la hora de golpear a alguien. Para los detenidos jóvenes como el caso de Patricio, era por demás significativo poder compartir la charla con Fernando, que era casi una leyenda en la historia del partido comunista y de la clase obrera chilena. Algunos días Fernando dejaba sus habituales caminatas y charlas y se alejaba de todos. Se paraba muy cerca de la cerca electrificada y sus ojos se perdían en la distancia buscando el mar, sabiendo que un poco más allá estaba su ciudad. Todos los detenidos respetaban los silencios de Fernando, nadie se atrevía a acercarse ni a llamarlo, lo miraban desde lejos a ese hombre optimista que, a veces se llenaba de nostalgias.
Cada comisión buscaba las distintas maneras de integrar a cada detenido a tareas comunes. Por todos los medios posibles se intentaba hacer la vida un poco menos dura y la inventiva para esto parecía ser una cantera inagotable.
Dos veces por semana en cada pabellón se daba cine. La función consistía en algo muy sencillo, algunos de los detenidos contaba una película y el resto disfrutaba en silencio y en la oscuridad del relato. Con el correr del tiempo el método se fue perfeccionando y hasta hubo contadores preferidos. Uno de ellos era Roberto Ahumada quien había sido locutor de radio Magallanes, emisora que permaneció leal al gobierno constitucional hasta que sus puertas fueron echadas abajo por los militares. Sus relatos de películas eran una obra literaria, el tono de su voz marcaba los distintos climas y hasta más de una vez tarareó la música del film. Se sospechaba que cambiaba el guión original, pero a nadie le importaba demasiado, es más, muchas películas mejoraban notoriamente en estas versiones libres.
Las sesiones de cine fueron una de las primeras actividades que autorizaron loa militares, es cierto que cuando llegó este permiso la actividad estaba instalada en todos los detenidos pero con la autorización se pudo mejorar y se dio paso a otra nuevas.
Cada día en la prisión se vivía intensamente. Las tareas asignadas a cada grupo se tomaban como una terapia para escapar en cierta forma de la locura del encierro. Cada detenido presumía en su intimidad  que las posibilidades de salir de vivo de allí eran por demás escasas pero esto jamás se comentaba. Todos se esforzaban en mantener el optimismo y la moral en alto.
Una tarde calurosa de Febrero, las puertas de la cerca electrificada se abrieron para dar paso a una camioneta. Estacionó en el medio del patio y de ella bajaron tambaleantes tres jóvenes. Los presos que se encontraban en el patio miraron sorprendidos, hacía meses que la prisión no recibía nuevos detenidos. Los muchachos se quedaron con sus bártulos en las manos y la cabeza gacha, parados en el patio. Un grupo detenidos, se acercó y ofreció su ayuda para trasladarlos hasta los pabellones. A simple vista se advertía que los muchachos eran hermanos y también por su forma de expresarse que eran campesinos. Los tres habían sido muy maltratados, el mayor, Esteban apenas podía caminar, pero sin duda, el que recibió la peor parte en la tortura era Isidoro, el menor. Desde las puntas de los dedos le  chorreaba la pus, y las uñas de sus manos eran inexistentes. Todos los presos habían sido torturados, pero al ver el salvajismo en el cuerpo de un compañero los llenaba de indignación.


martes, 30 de diciembre de 2014

NEGROS DE MIERDA.mpg



Hoy les acercamos este excelente trabajo realizado por los estudiantes de la E.E.M N°1 de José C Paz acompañados por la gente del CEIHS (Centro de Estudios e Investigaciones Históricas y Sociales), basado en una tristemente "celebre" frase utilizada en forma despectiva y segregatoria. Pasen y vean.








sábado, 27 de diciembre de 2014

Detrás de la Cordillera
54

Entre los imprescindibles estaba un ingeniero franco-uruguayo al que todos llamaban Willy, ya que su nombre era un jeroglífico imposible de pronunciar. Willy era una persona muy particular, de escasas palabras y extremadamente reservado. Por lo  general cuando opinaba se destacaba por su agudeza para poder separar lo importante de lo secundario.
Tenía una situación procesal complicada, existía un pedido de extradición del gobierno uruguayo y una pesada acusación de la fiscalía militar. Por suerte para el ingeniero, su madre era francesa y la embajada de ese país estaba intercediendo para conseguir su libertad. El delito que se le imputaba era pertenecer a una organización terrorista internacional, que por supuesto tenía su base central en Cuba. Nada de esto era cierto, Willy era uno más de los tantos profesionales que se acercaron a colaborar con el proceso chileno. Desde el mismo momento de su llegada había trabajado en las minas del norte del país en un ambicioso plan de vivienda. Las indignas casas de madera donde por años se habían hacinados los mineros se tiraban abajo, ahora vivían en  confortables casas que, además, se construyeron con el trabajo comunitario. Cuando Willy hablaba de esta experiencia se trasformaba, dejaba de ser ese tipo cauto, medido, equilibrado y se convertía en un narrador apasionado, su voz se volvía dulce y hasta se le erizaban los pelos de su cabellera colorada.
Políticamente, Willy se caracterizaba a sí mismo como un anarco-socialista y esto, aunque parezca disparatado, era acertado. Contaba con una sólida formación teórica, basada en las ideas de los fundadores del anarquismo y una, no menor, de los clásicos del socialismo; pero lo más importante era cómo Willy se manejaba en situaciones difíciles y cómo con sus actitudes arrastraba a los demás a superarlas.  Ignacio Toro muchas veces decía, mitad en broma mitad en serio, que para situaciones difíciles lo mejor es siempre tener un anarquista a mano. Todos reían al escuchar esto pero también todos reconocían que con Willy esto era una inmensa verdad.
Con el transcurso de los días las cosas volvieron a los carriles normales. Las distintas comisiones sacaron conclusiones de lo vivido y tomaron algunas medidas, al menos para amenguar los desbordes emocionales. Estos hechos no volvieron a repetirse, ni aun cuando las visitas se volvieron mensuales.
Los días en la  cárcel eran una larga cadena de luchas ínfimas y diarias. Si bien a medida que pasaba el tiempo, la posibilidad de que los mataran se alejaba, la supervivencia pasaba por otros carriles. Se trataba de sobrevivir con dignidad, no pactando con el enemigo que trataba por todos los medios de comprarlos con pequeñas prebendas para quebrar la unidad del grupo. No obstante, la violencia física siempre estaba presente y se multiplicaba con la llegada de los comandos. Una mañana apenas el sol se había asomado, cuando varios jeep, repletos de comandos bajaron desde el camino de la comandancia. Los presos estaban  en el patio esperando para salir a hacer las distintas tareas, cuando irrumpieron con sus gritos, sus golpes y sus caras llenas de odio y tizne. Llamaba la atención como los comandos ignoraban por completo a los oficiales que estaban a cargo del penal. Apenas le dirigían la palabra, en cambio para los soldados y suboficiales el trato era casi el mismo que le brindaban a los detenidos, lo único que faltaba eran las golpizas.
Los detenidos fueron obligados a formar a las puertas de cada pabellón con todas sus pertenencias. Los cofres fueron vaciados y todo el contenido depositado dentro de una manta. Con todos sus cacharros a la rastra, de uno en vez, cada preso pasó por una minuciosa requisa, la falta de algún elemento del equipo provisto era castigada con  golpes e insultos.
No encontraron nada que les procurara motivos para descargar su furia, pero aun así dieron rienda suelta a su ferocidad. El resto de la mañana se entretuvieron con un perverso juego. Este consistía en hacer acostar los presos de panza al suelo y que los soldados corrieran carreras pisando las espaldas de los detenidos. Los comandos disfrutaban con la situación alentando y apostando por cada soldado, hasta que en un momento de suma algarabía ellos mismos participaron de las carreras.
Cuando todo se volvió rutinario y las caídas ya no producían sonoras carcajadas, a uno de los jefes, haciendo gala de un sadismo infinito, se le ocurrió algo para hacer un poco más atractivo la situación. Los soldados empuñaron sus fusiles con sus bayonetas caladas para emprender la loca carrera, ahora cada caída podía producir una herida.

Un poco antes del mediodía terminó el calvario. Los comandos ya saciados de dar gritos y golpes, dejaron la isla. Esto trajo alivio para todos, lo terrible fue que con ellos se llevaron a cinco presos. Siempre hacían lo mismo, era como dejar una estaca de incertidumbre clavada en cada uno de los detenidos, que no podían dejar de pensar en sus compañeros. Esta vez hubo suerte, la estadía de los cinco en el continente fue breve y esa misma noche fueron devueltos al penal, golpeados pero con vida. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Heavy
Camino hacia Gouin una mañana de noviembre muy temprano por la ruta con mí gran amigo Carlos pasamos un cartel que nos intrigó. Desde ya que en un principio nuestra presencia a esas horas rumbo a un pueblo del cercano/lejano interior de la provincia de Buenos Aires siempre es difícil de explicar y no me detendré en ese detalle, pero volviendo al cartel en sí decía Heavy 4, lo que significaba lisa y llanamente que existía una localidad con ese nombre a apenas 4 kilómetros de distancia. Nuestro camino no nos permitía detenernos pero de inmediato nos intrigó aquel nombre con reminiscencias roqueras ligadas a Iron Maiden o Metallica. Obviamente en el auto nos quedamos con Carlos haciendo chistes de quiénes vivirían allí o de los “duro” que sería detenerse en aquellos pagos. Sin embargo no se apagó allí mi curiosidad y luego de vuelta y ya de noche no nos dio para entrar al lugar. Así pues me dediqué a investigar muy someramente de qué se trataba aquel sugerente nombre.


Parece ser que allí a unos 100 kilómetros de nuestra capital se encuentra un paraje rural en donde alguna vez funcionó una estación de trenes, más específicamente de un tramway rural de los hermanos Lacroze, es decir, de un ramal del Ferrocarril General Urquiza. El origen de tal enigmático nombre para la estación se debe a que un inmigrante y hacendado de origen irlandés Patrick Heavy vivía con su familia en ese lugar. Dicho hacendado donó algo de aquella tierra (4,5 hectáreas) para la creación de una estación, algo muy normal por aquellos tiempos (1892) para aprovechar la llegada de dicho sistema de transporte que abarató muchísimo el traslado de cosechas y demás.


Finalmente ya en épocas de don Carlitos Saúl I hacia 1998 se cerró el ramal y los descendientes de la familia Heavy se pusieron “duros”, cuack!!!! Y reclamaron la propiedad con la suerte de que se les devolvió la misma. Actualmente perecer ser que en aquella localidad de no más de treinta personas Leandro Heavy, tataranieto de Patrick se mudó allí y recicló la estación convirtiéndola en su propia casa, que tull!!!!!!!!!


Así pues ya saben, si van por la ruta 7 pasando San Andrés de Giles se encontrarán con aquel paraje que nos produce la idea de que el querido Ozzy Osbourne se ha radicado en la práctica de un gran Black Sabbath, pero no es así!!!!!!!!!!!!!!! 



Salute amigos!!!!!!!!!!! 

Fernand


martes, 23 de diciembre de 2014

El Cuzco

En la gran planicie del sol se levanta la más bella ciudad
Es el centro de una nación que fundara el inca Manco Cápac.
Corren los vientos de libertad, sueños dormidos de ayer
Rompen cadenas del español, se despierta ahora el Cuzco

Sobre el valle del Huatanay, en los cerros de nuestro dios
Buscarán las huacas sagradas profanadas por el conquistador
Siente el alma de Amaru, Inca de Vilcabamba
Pueblo rebelde corre la voz. Se levanta ahora el Cuzco

Reinarán otra vez en mi tierra aquel pueblo del Tahuantinsuyu
Gloria eterna de los que perdieron y que vuelven con cantos guerreros

“Con sus armas y enfermedades, avanzaba el cruel español
Esparciendo la Muerte Negra a su paso por mí reino
Corta los cuellos, malvado, violas mujer sin piedad
Todos mis templos saqueados.  A Atahualpa acabas de matar”

Cuando caiga el atardecer, cantaremos felices otra vez
Celebrando la liberación y el retorno a nuestros ancestros
Salve el dios Wiracocha, Inti y Mama Quilla
Uku y la Pachamama en el Cuzco volverán a brillar

Reinarán otra vez en mi tierra aquel pueblo del Tahuantinsuyu
Gloria eterna de los que perdieron y que vuelven con cantos guerreros
Nunca más obtendrán esos seres, de la fuerza de esclavos ganancias
Pues la furia de quienes amansan, como látigo será su degüello 

Fernando Claudio Torres                         

sábado, 20 de diciembre de 2014

MILONGA LUNFARDA





MILONGA LUNFARDA

En este hermoso país que es mi tierra, la Argentina,
la mujer es una mina y el fueye es un bandoneón.
El vigilante, un botón, la policía, la cana,
el que roba es el que afana, el chorro un vulgar ladrón,
al zonzo llaman chabón y al vivo le baten rana.


La guita o el vento es el dinero que circula;
el cuento es meter la mula, y al vesre por al revés.
Si pelechaste, tenés, y en la rama si estás seco.
Si andás bien, andás derecho; tirao, el que nada tiene,
chapar es, si te conviene, agarrar lo que está hecho.


El cotorro es el lugar donde se hace el amor.
El pashá es un gran señor que sus mangos acumula.
La vecina es la fulana, el tordo es algún doctor,
el estaño un mostrador donde un curda se emborracha,
y si es que hacés pata ancha te la das de sobrador.


El que trabaja, labura; quien no hace nada es un fiaca,
la pinta es la que destaca los rasgos de tu apostura.
Mala racha es mishiadura, que hace la vida fulera.
La cama es una catrera y apoliyar es dormirse.
Rajar o piantarse es irse, y esto lo manya cualquiera.


Y que te van a contar, ya está todo relojeado.
Aquello visto, es junado, lo sabe toda la tierra.
Si hasta la Real Academia, que de parla sabe mucho,
le va a pedir a Pichuco y a Grela, con su guitarra,
que a esta milonga lunfarda me la musiquen de grupo