martes, 30 de diciembre de 2014

NEGROS DE MIERDA.mpg



Hoy les acercamos este excelente trabajo realizado por los estudiantes de la E.E.M N°1 de José C Paz acompañados por la gente del CEIHS (Centro de Estudios e Investigaciones Históricas y Sociales), basado en una tristemente "celebre" frase utilizada en forma despectiva y segregatoria. Pasen y vean.








sábado, 27 de diciembre de 2014

Detrás de la Cordillera
54

Entre los imprescindibles estaba un ingeniero franco-uruguayo al que todos llamaban Willy, ya que su nombre era un jeroglífico imposible de pronunciar. Willy era una persona muy particular, de escasas palabras y extremadamente reservado. Por lo  general cuando opinaba se destacaba por su agudeza para poder separar lo importante de lo secundario.
Tenía una situación procesal complicada, existía un pedido de extradición del gobierno uruguayo y una pesada acusación de la fiscalía militar. Por suerte para el ingeniero, su madre era francesa y la embajada de ese país estaba intercediendo para conseguir su libertad. El delito que se le imputaba era pertenecer a una organización terrorista internacional, que por supuesto tenía su base central en Cuba. Nada de esto era cierto, Willy era uno más de los tantos profesionales que se acercaron a colaborar con el proceso chileno. Desde el mismo momento de su llegada había trabajado en las minas del norte del país en un ambicioso plan de vivienda. Las indignas casas de madera donde por años se habían hacinados los mineros se tiraban abajo, ahora vivían en  confortables casas que, además, se construyeron con el trabajo comunitario. Cuando Willy hablaba de esta experiencia se trasformaba, dejaba de ser ese tipo cauto, medido, equilibrado y se convertía en un narrador apasionado, su voz se volvía dulce y hasta se le erizaban los pelos de su cabellera colorada.
Políticamente, Willy se caracterizaba a sí mismo como un anarco-socialista y esto, aunque parezca disparatado, era acertado. Contaba con una sólida formación teórica, basada en las ideas de los fundadores del anarquismo y una, no menor, de los clásicos del socialismo; pero lo más importante era cómo Willy se manejaba en situaciones difíciles y cómo con sus actitudes arrastraba a los demás a superarlas.  Ignacio Toro muchas veces decía, mitad en broma mitad en serio, que para situaciones difíciles lo mejor es siempre tener un anarquista a mano. Todos reían al escuchar esto pero también todos reconocían que con Willy esto era una inmensa verdad.
Con el transcurso de los días las cosas volvieron a los carriles normales. Las distintas comisiones sacaron conclusiones de lo vivido y tomaron algunas medidas, al menos para amenguar los desbordes emocionales. Estos hechos no volvieron a repetirse, ni aun cuando las visitas se volvieron mensuales.
Los días en la  cárcel eran una larga cadena de luchas ínfimas y diarias. Si bien a medida que pasaba el tiempo, la posibilidad de que los mataran se alejaba, la supervivencia pasaba por otros carriles. Se trataba de sobrevivir con dignidad, no pactando con el enemigo que trataba por todos los medios de comprarlos con pequeñas prebendas para quebrar la unidad del grupo. No obstante, la violencia física siempre estaba presente y se multiplicaba con la llegada de los comandos. Una mañana apenas el sol se había asomado, cuando varios jeep, repletos de comandos bajaron desde el camino de la comandancia. Los presos estaban  en el patio esperando para salir a hacer las distintas tareas, cuando irrumpieron con sus gritos, sus golpes y sus caras llenas de odio y tizne. Llamaba la atención como los comandos ignoraban por completo a los oficiales que estaban a cargo del penal. Apenas le dirigían la palabra, en cambio para los soldados y suboficiales el trato era casi el mismo que le brindaban a los detenidos, lo único que faltaba eran las golpizas.
Los detenidos fueron obligados a formar a las puertas de cada pabellón con todas sus pertenencias. Los cofres fueron vaciados y todo el contenido depositado dentro de una manta. Con todos sus cacharros a la rastra, de uno en vez, cada preso pasó por una minuciosa requisa, la falta de algún elemento del equipo provisto era castigada con  golpes e insultos.
No encontraron nada que les procurara motivos para descargar su furia, pero aun así dieron rienda suelta a su ferocidad. El resto de la mañana se entretuvieron con un perverso juego. Este consistía en hacer acostar los presos de panza al suelo y que los soldados corrieran carreras pisando las espaldas de los detenidos. Los comandos disfrutaban con la situación alentando y apostando por cada soldado, hasta que en un momento de suma algarabía ellos mismos participaron de las carreras.
Cuando todo se volvió rutinario y las caídas ya no producían sonoras carcajadas, a uno de los jefes, haciendo gala de un sadismo infinito, se le ocurrió algo para hacer un poco más atractivo la situación. Los soldados empuñaron sus fusiles con sus bayonetas caladas para emprender la loca carrera, ahora cada caída podía producir una herida.

Un poco antes del mediodía terminó el calvario. Los comandos ya saciados de dar gritos y golpes, dejaron la isla. Esto trajo alivio para todos, lo terrible fue que con ellos se llevaron a cinco presos. Siempre hacían lo mismo, era como dejar una estaca de incertidumbre clavada en cada uno de los detenidos, que no podían dejar de pensar en sus compañeros. Esta vez hubo suerte, la estadía de los cinco en el continente fue breve y esa misma noche fueron devueltos al penal, golpeados pero con vida. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

Heavy
Camino hacia Gouin una mañana de noviembre muy temprano por la ruta con mí gran amigo Carlos pasamos un cartel que nos intrigó. Desde ya que en un principio nuestra presencia a esas horas rumbo a un pueblo del cercano/lejano interior de la provincia de Buenos Aires siempre es difícil de explicar y no me detendré en ese detalle, pero volviendo al cartel en sí decía Heavy 4, lo que significaba lisa y llanamente que existía una localidad con ese nombre a apenas 4 kilómetros de distancia. Nuestro camino no nos permitía detenernos pero de inmediato nos intrigó aquel nombre con reminiscencias roqueras ligadas a Iron Maiden o Metallica. Obviamente en el auto nos quedamos con Carlos haciendo chistes de quiénes vivirían allí o de los “duro” que sería detenerse en aquellos pagos. Sin embargo no se apagó allí mi curiosidad y luego de vuelta y ya de noche no nos dio para entrar al lugar. Así pues me dediqué a investigar muy someramente de qué se trataba aquel sugerente nombre.


Parece ser que allí a unos 100 kilómetros de nuestra capital se encuentra un paraje rural en donde alguna vez funcionó una estación de trenes, más específicamente de un tramway rural de los hermanos Lacroze, es decir, de un ramal del Ferrocarril General Urquiza. El origen de tal enigmático nombre para la estación se debe a que un inmigrante y hacendado de origen irlandés Patrick Heavy vivía con su familia en ese lugar. Dicho hacendado donó algo de aquella tierra (4,5 hectáreas) para la creación de una estación, algo muy normal por aquellos tiempos (1892) para aprovechar la llegada de dicho sistema de transporte que abarató muchísimo el traslado de cosechas y demás.


Finalmente ya en épocas de don Carlitos Saúl I hacia 1998 se cerró el ramal y los descendientes de la familia Heavy se pusieron “duros”, cuack!!!! Y reclamaron la propiedad con la suerte de que se les devolvió la misma. Actualmente perecer ser que en aquella localidad de no más de treinta personas Leandro Heavy, tataranieto de Patrick se mudó allí y recicló la estación convirtiéndola en su propia casa, que tull!!!!!!!!!


Así pues ya saben, si van por la ruta 7 pasando San Andrés de Giles se encontrarán con aquel paraje que nos produce la idea de que el querido Ozzy Osbourne se ha radicado en la práctica de un gran Black Sabbath, pero no es así!!!!!!!!!!!!!!! 



Salute amigos!!!!!!!!!!! 

Fernand


martes, 23 de diciembre de 2014

El Cuzco

En la gran planicie del sol se levanta la más bella ciudad
Es el centro de una nación que fundara el inca Manco Cápac.
Corren los vientos de libertad, sueños dormidos de ayer
Rompen cadenas del español, se despierta ahora el Cuzco

Sobre el valle del Huatanay, en los cerros de nuestro dios
Buscarán las huacas sagradas profanadas por el conquistador
Siente el alma de Amaru, Inca de Vilcabamba
Pueblo rebelde corre la voz. Se levanta ahora el Cuzco

Reinarán otra vez en mi tierra aquel pueblo del Tahuantinsuyu
Gloria eterna de los que perdieron y que vuelven con cantos guerreros

“Con sus armas y enfermedades, avanzaba el cruel español
Esparciendo la Muerte Negra a su paso por mí reino
Corta los cuellos, malvado, violas mujer sin piedad
Todos mis templos saqueados.  A Atahualpa acabas de matar”

Cuando caiga el atardecer, cantaremos felices otra vez
Celebrando la liberación y el retorno a nuestros ancestros
Salve el dios Wiracocha, Inti y Mama Quilla
Uku y la Pachamama en el Cuzco volverán a brillar

Reinarán otra vez en mi tierra aquel pueblo del Tahuantinsuyu
Gloria eterna de los que perdieron y que vuelven con cantos guerreros
Nunca más obtendrán esos seres, de la fuerza de esclavos ganancias
Pues la furia de quienes amansan, como látigo será su degüello 

Fernando Claudio Torres                         

sábado, 20 de diciembre de 2014

MILONGA LUNFARDA





MILONGA LUNFARDA

En este hermoso país que es mi tierra, la Argentina,
la mujer es una mina y el fueye es un bandoneón.
El vigilante, un botón, la policía, la cana,
el que roba es el que afana, el chorro un vulgar ladrón,
al zonzo llaman chabón y al vivo le baten rana.


La guita o el vento es el dinero que circula;
el cuento es meter la mula, y al vesre por al revés.
Si pelechaste, tenés, y en la rama si estás seco.
Si andás bien, andás derecho; tirao, el que nada tiene,
chapar es, si te conviene, agarrar lo que está hecho.


El cotorro es el lugar donde se hace el amor.
El pashá es un gran señor que sus mangos acumula.
La vecina es la fulana, el tordo es algún doctor,
el estaño un mostrador donde un curda se emborracha,
y si es que hacés pata ancha te la das de sobrador.


El que trabaja, labura; quien no hace nada es un fiaca,
la pinta es la que destaca los rasgos de tu apostura.
Mala racha es mishiadura, que hace la vida fulera.
La cama es una catrera y apoliyar es dormirse.
Rajar o piantarse es irse, y esto lo manya cualquiera.


Y que te van a contar, ya está todo relojeado.
Aquello visto, es junado, lo sabe toda la tierra.
Si hasta la Real Academia, que de parla sabe mucho,
le va a pedir a Pichuco y a Grela, con su guitarra,
que a esta milonga lunfarda me la musiquen de grupo

viernes, 19 de diciembre de 2014

Detrás de la Cordillera
53

Al final del mes de noviembre, una noticia conmovió y emocionó a todos los detenidos. La fiscalía militar, atendiendo un pedido de la iglesia católica, autorizaba que los presos pudieran recibir la visita de dos familiares directos. Los preparativos para recibir a los familiares fueron intensos y la ansiedad embargó a todos los detenidos con el transcurrir de los días.
Para las visitas se acondicionó el patio. Se trajeron las largas mesas del comedor y los bancos de madera. Todo quedo limpio y ordenado, era muy importante el momento que iban a vivir.
Los familiares tuvieron que acreditarse en el continente, donde en primer lugar, firmaron una cantidad infinita de papeles, luego pasaron por una humillante requisa. Una vez que llegaron a la isla, todo esto se repitió. Las cartas y las ropas de abrigo les fueron confiscadas, bajo promesa de que una vez que pasaran por los controles les serían entregadas a cada recluso.
Una vez que terminaron con todo esto, las visitas en grupos de veinte o treinta eran acompañadas hasta el patio por un soldado. Al mismo tiempo por los parlantes llamaban a los detenidos para que salgan del pabellón para ir al encuentro de su familia.
Emocionante era ver como el patio se poblaba de besos, risas y llantos. Las mesas se llenaron de rostros plenos de esperanza. En cambio en los pabellones crecía la angustia de aquellos que aún no habían recibido visita. Esperaban ilusionados ser nombrados por los parlantes y cuando esto sucedía muchos corrían hasta el patio. Por suerte muy pocos detenidos no recibieron visitas, algunos porque sus familias tenían que cruzar medio país para poder llegar, otros fueron impedidos por la burocracia militar. Así les sucedió a varios detenidos, que al no estar casados  no se les permitió a sus compañeras el derecho a la visita.
El patio era una inmensa fiesta popular, a nadie le importaba estar rodeado de cercas electrificas, ni de torres con sus ametralladoras listas para disparar, eso era parte de otro paisaje. Hoy lo único valedero e importante era ese momento único y maravilloso que estaban viviendo. Todo lo demás poco contaba, ni el pasado doloroso ni el futuro incierto tenía la menor importancia, la vida les regalaba un instante de sosiego y todos lo disfrutaban.
Patricio recibió a su madre y a su esposa en medió de un llanto profundo de los tres. Una vez que las emociones se fueron a sosegando las palabras comenzaron a salir de las bocas como disparadas en ráfagas continuas. No había un instante para permanecer en silencio, los tres se preguntaban y contestaban al unísono, cada palabra estaba mezclada con risas, besos y caricias. Elena contó que le había escrito una docena de cartas, y que ahora estaban en poder de los milicos y  en una de ellas estaba una foto del pequeño Lautaro.
En un momento de la charla Patricio levantó la vista y vio como el corcho Barrios se despedía de una persona con un inexpresivo apretón de manos. Luego su amigo se alejó llevando un enorme paquete hacia los pabellones.
Corcho, corcho, corcho!- Gritó insistiendo en el llamado, pero su voz se perdía entre el murmullo de los demás. Sin perdida de tiempo salió al trote, para alcanzar a su amigo antes de que cruzara el retén de guardia que separaba el patio de los pabellones.
Barrios tenía la cara desencajada y no podía disimular que un llanto contenido le llenaba los ojos. Cuando enfrentó a Patricio se quebró, las lágrimas le comenzaron  a caer en borbotones y sacando de entre sus ropas le entregó una coqueta tarjeta personal, Patricio quedó perplejo.
-Te das cuenta Patricio, mi familia en vez de venir a verme me manda un abogado y kilos de comida- Dijo Barrios señalando la enorme caja que había dejado a su lado. Patricio consoló a su amigo y además lo convenció para regresar al patio.
Atardecía cuando por los parlantes informaron que había terminado la hora de las visitas. Los familiares se dirigieron en silencio hasta los muelles, donde esperaban las lanchas y los detenidos marcharon hacia sus respectivos pabellones. En sólo cinco minutos todo se impregnó de tristeza. Esa noche no hubo charlas alrededor de las camas, mucho menos chistes o anécdotas picarescas de esas que hacían reír a todos, solo hubo silencio y más silencio.
Al otro día, el clima emocional de todos no cambió. En la propia formación se notaba el aire enrarecido con escasas palabras y gestos duros. Por primera vez desde su llegada a la cárcel, Patricio presenció como por una cosa sin importancia dos detenidos estuvieron a punto de golpearse. La situación empeoraba con el paso de las horas, la relación entre los detenidos se convirtió en un caos. Era como si de repente la mayoría hubiera enloquecido, la solidaridad se convertía en individualismo, todo lo que ayer era pan ahora era pura mierda.

Entonces fue en esos momentos críticos que aparecieron los imprescindibles, esa personas que sacan fuerzas extra para poder, con su ejemplo, contagiar a los demás.

lunes, 15 de diciembre de 2014


Dime, qué sucederá cuando con el lento paso del tiempo la belleza se extinga…


Dime, qué sucederá cuando al irse esa única arma de la juventud desparezca aquello que creías un tesoro…


Dime, qué sucederá cuando la superficie se arrugue, la verdad se sepa, y se descubra el vacío de tu exo-sistema, de tu caja de aire…

Dime, qué sucederá cuando en el palacio solitario los días se marchiten entre oro deslucido y sirvientes comprados…

Fernand Tor