lunes, 30 de diciembre de 2013

SAQUEO!

Si los viernes son de siluetas, Diciembre es de saqueo. Otra vez.

El Gobierno (los gobiernos), hacen hincapié en la extorsión a que fueron sometidos por las policías provinciales y algunos hasta señalan las vinculaciones de éstas con distintas ramas del delito. ¡Diez años gobernando para darse cuenta de algo que todos sabemos!  Descubrieron “nexos mafiosos” en las Policías. Tal vez si los dejamos gobernar diez años más, descubran que no son solo nexos, que la Policía en Argentina ocupa, en buena medida, el lugar que en EEUU llena la mafia. Ningún delito importante es posible sin el permiso o la complicidad de la Policía. Y lo dejo claro para los que reclaman mayor presencia policial para mayor seguridad: ellosno son la solución, porque son el problema.

Pero el objetivo de estas líneas no es hablar de este detonante que resultaron las “rebeliones” policiales. La cuestión que preocupó a la buena gente, es la propensión de parte de muchos habitantes a pasar de cualquier regla y aprovechar la situación para saquear comercios y apropiarse de bienes a los que habitualmente no pueden acceder. En muchos lugares, a las incursiones de grupos de delincuentes sin placa identificatoria ni gorra, les seguía la irrupción de grupos crecientes de jóvenes y algunos no tanto, que se abalanzaban sobre el cuerpo inerme de comercios varios. “Hienas”, bramaron desde indignados medios de comunicación. “No hay límites”, se lamentaban en otros. La guerra mediática entre oficialistas y opositores logró una tregua y un acuerdo: todos condenaban a estos no-necesitados, que en lugar de llevarse un paquete de harina para hacerse tortas fritas si tienen hambre, se llevaban zapatillas de marca y televisores LCD, LED, y cualquier objeto de valor.
El Pais de buena gente miraba azorado por TV: tierra de nadie, todos contra todos, el Apocalipsis. Las redes sociales, plagadas de esa buena gente, clamaban al Cielo por Justicia. No lo midieron, pero seguro que “negros de mierda”, ese clásico reprimido que vuelve y vuelve a surgir y resurgir ante cada dificultad, fue trending topic.
Caparrós en su Blog comentó con inteligencia. Nos remitimos a él, pero resumimos y agregamos algo. La hegemonía es consenso y (la posibilidad cierta de) coacción. El sistema se mantiene así. Pero la coacción debe mantenerse latente, como posibilidad permanente, como complemento imprescindible. Sola, sin consenso, no puede sostener a largo plazo la hegemonía. En mi personal apreciación, el corazón de la hegemonía es entonces el consenso. Los consensos, más bien diría. El sistema puede ampliar estos consensos o bien pueden disminuir sin que corra riesgos. Es decir que hay algunos consensos básicos, constitutivos y otros accesorios. Uno de los consensos elementales para el mantenimiento y el buen funcionamiento de todo el sistema es la aceptación de la propiedad privada como sacrosanta. De ella deriva la ganancia, que se santifica como hija de, y al mismo tiempo como nueva propiedad.
Ese consenso es el que aparece roto para una parte pobre de la sociedad. Por supuesto que la santidad general de la propiedad nunca fue reconocida por la clase dominante. Allí solo es santa la propia propiedad. El saqueo constante de fondos públicos (propiedad de todos), nos exime de cualquier otra demostración. Pero que un grupo de negros marginales se atrevan a poner en duda lo sacrosanto, los espanta. ¿Hasta dónde van a llegar?. Los exclusivos countrys están rodeados de barrios miserables. ¿Y si se les ocurre que esa propiedad tampoco merece respeto?.
Por el momento no hay riesgos. La sociedad argentina parece estar, nuevamente, haciendo implosión. No está sobre el tapete una cuestión de clases explícita o consciente.

Pero como nunca se sabe, mejor ir preparando las armas.

Alberto López Camelo

Fuente: http://alberteadas.blogspot.com.ar/2013/12/saqueo.html

sábado, 28 de diciembre de 2013



ALGUNAS HISTORIAS DE MI BARRIO..

RICARDO


La ciencia histórica no se ha decidido aún a buscar los orígenes de su apodo, por lo que solo nos queda navegar en las procelosas y oscuras aguas del mito urbano, siempre modificado y exagerado, pero conteniendo una parte, tal vez la esencial, de verdad.
Cuentan los que la tienen clara (pero Alá sabe más) que el apelativo nació una noche de juerga en las lejanas tierras de William Morris. Hasta allí se habían dirigido los muchachos del barrio en busca de un poco de sano esparcimiento. Fue el destino, traicionero e imprevisible, el que enredó a nuestros inocentes vecinos en una trifulca a palos con aborígenes locales. A los que hemos conocido a Hector, Nando, Rody, Tavo, Tony, Marcelo, etc., no nos cabe la más mínima duda que no tuvieron nada que ver con la iniciación de la lucha. Eran lo mejorcito del barrio y con eso alcanza para proclamar que la culpa estuvo del otro lado.
La gresca que se había armado se estaba inclinando, visiblemente, hacia los locales. Nuestros muchachos iniciaron entonces un prudente (pero veloz) repliegue hacia la estación de trenes. La suerte, por fin de su lado, quiso que llegaran en el momento exacto en que una formación del San Martín reiniciara su marcha con punto de llegada en la tranquila y bienamada ciudad de José C. Paz. Todos se abalanzaron hacia la seguridad del tren.
Todos menos uno: El Ricardo llegó tarde.
Y allí estaba, este prototipo de la paceñidad, solo y expuesto a los designios de los salvajes williammorrisenses (o williammorriseños, según el autor que tomemos). Como cristiano en la arena del Coliseo romano, enfrentaba con dignidad a los hambrientos leones.
Zapateá! - fue la orden -, zapateá si no querés que te caguemos a palo!.
Algunas versiones del mito cuentan que mientras Ricardo zapateaba, los bárbaros le tiraban tiros a las patas, solo por diversión. Lo cierto es que el sol sorprendió a Ricardo bailando malambo en la estación de William Morris y a sus captores hechizados por la gracia con que lo hacía.
Finalmente lo dejaron ir, con apenas unos cachetazos que, a esa altura, no se sabe muy bien si eran de desprecio o admiración.
Las horas que Ricardo malambeó para aquellos irracionales no entraron en el libro Guines de los records, lo que configura una verdadera injusticia. Pero ese fue el origen del apodo que lo acompañaría el resto de su vida en el barrio: “El pampa”.

Alberto López Camelo

viernes, 27 de diciembre de 2013

Presentación oficial del libro "Relatos del más acá"


Finalmente fue presentado en sociedad el libro de cuentos "Relatos del más acá" en el Centro de Exposiciones Municipal de San Miguel (aprovechamos para agradecer a todo el personal de dicho establecimiento y a sus autoridades que nos brindaron su tiempo y espacio para tal fin). 


El día elegido fue el viernes 20 de diciembre (2013) a las 20 hs. Con amplia concurrencia fue un verdadero placer realizar tal presentación. GRAFOS 2.0 agradece a todas las personas que se arrimaron a escuchar a los autores en dicho evento.






La presentación abarcó el temario de los relatos en todas sus formas, oral, escrita, musical y audiovisual.


Fue amenizado con canciones que expresan desde la historia la formación de nuestro imaginario.


Desde la experiencia propio, biográfica se fue avanzando en cómo nos construimos en el relato mismo. 





La jornada finalizó con la exposición del libro como resultante de la labor de escritura y del Blog oficial de GRAFOS 2.0



miércoles, 25 de diciembre de 2013

"Detrás de la Cordillera"
3

Apenas con veinte años y con mi título, recién estrenado, de oficial soldador múltiple ingresé en la fábrica. Hasta ese entonces mi experiencia política en lo práctico era mínima, mas allá que toda mi familia tenia militancia política
 Una vez, en un trabajo anterior, en la construcción, le pregunté a un compañero mayor, que siempre  se ponía a hablar de Marx y Lenin, el por qué de su militancia comunista. El viejo Juan respondió sencillamente. Esa pregunta tendrías que hacérsela a un obrero que no es de izquierda. Lo natural es que el trabajador tenga su identidad de clase, su partido, su sindicato, es tan normal como este sol que nos alumbra, la anormalidad que busca tu pregunta está en otra parte. Su respuesta me hizo pensar mucho y a partir de ese momento lo comencé a bombardear con preguntas. El viejo, con paciencia infinita, siempre me trató de explicar todo. Muchas veces al salir de la obra, continuaban las charlas. Una vez de forma muy solemne me dijo:
-Es hora compañero, de agarrar los libros. Es deber de todo obrero formarse intelectualmente, pero no con el afán de adquirir conocimientos para el lucimiento personal o el saber desde una óptica del poder. Ese es el punto de vista de la burguesía, tener el conocimiento para la dominación. Nuestra formación en el saber está regida en el valor proletario, socializar el conocimiento. Usted se debe formar y profundizar su saber para poder ayudar a otros hermanos de clase a salir de la ignorancia y el oscurantismo que le impone el capital. Nunca su saber puede estar al servicio de fines personales o de dominación. Al acabar con el monólogo me alcanzó dos libros gastados.
Cuando ingresé a la fábrica puedo decir que era un proto-revolucionario, además el país era una caldera. Aún faltaban varios meses para las elecciones presidenciales, pero la posibilidad del triunfo de Allende comenzaba a ser concreta y ante esto el pueblo redoblaba sus esfuerzos.
    En la fábrica éramos tres mil quinientos obreros, divididos en jornadas de ocho horas con turnos rotativos. Mi debut fue en el turno noche y antes del tercer mes participé en un paro. La empresa no quería pagar un plus por altura, ni tampoco cumplir las demandas de seguridad. No es moco de pavo soldar a tres o cuatro metros del piso, con el viento del sur moviendo de un lado a otro el andamio. Los dueños estaban dispuestos a discutir el plus. Peso más, peso menos, al final habría acuerdo, pero se negaban de plano a discutir las medidas de seguridad y mucho menos que estas fueran controladas por el sindicato. El único control posible para ellos, era el del ministerio de trabajo, donde tenían los inspectores comprados. Al cuarto día del paro vino a discutir con nosotros un gerente gringo. Hablaba correctamente el castellano, sólo que cuando se enojaba y levantaba la voz, lo hacía en inglés, mezclando los idiomas, cosa que nos irritaba por demás.
-Mi no entender, por qué después de treinta años, ahora pedir seguridad. Antes no problema y trabajar, ahora no producir, querer control de fábrica. Nosotros única  ley ministerio- Gritaba el gringo.
Claro que los gringos no podían entender. Chile estaba cambiando. Cinco días antes del triunfo electoral de Allende, la empresa firmó, no sólo el aumento por altura, sino también el nuevo reglamento de seguridad industrial, donde el cumplimiento estaba controlado por el sindicato y la comisión interna de la fábrica. Desde ese momento hasta el golpe de estado no tuvimos ni un sólo accidente, mientras que antes eran moneda corriente las desgracias, muchas de ellas fatales.
Una vez  ganadas las elecciones,  entramos en un espiral de lucha impresionante. Las clases dominantes no se resignaban a perder sus privilegios y desde el mismo momento en que se conocieron los resultados electorales comenzaron a conspirar, preparando el golpe de estado.
Vivimos momentos febriles y hermosos, cada día que pasaba representaba como diez en experiencia, no se paraba un instante. De las asambleas de la fábrica, a la reunión del comité barrial, a la escuela y de ahí a la universidad.  Los fines de semana los obreros y los estudiantes salíamos en brigadas para alfabetizar en zonas rurales. Miles de jóvenes por todo Chile llevaban solidaridad y esperanza a cada rincón de la patria. Un fin de semana de esos conocí a Elena, una estudiante del último año del liceo. Nos enamoramos  de inmediato y después de seis meses de noviazgo,  nos casamos.
Para esa misma época, fui elegido delegado, cosa que me llenó de orgullo y alegría. En la fábrica, en ese momento, librábamos una dura lucha ideológica. Un sector de los trabajadores estaba ganado con las ideas de la burguesía, no comprendían la nueva situación del país y el papel de los trabajadores en este proceso. Y nosotros debíamos jugar un papel de vanguardia, para ayudar a esos trabajadores.


domingo, 22 de diciembre de 2013

Tortuguitas


Para conocer el origen del nombre de la localidad de Tortuguitas hay que remontarse al lejano año de 1582, es decir, dos años después de la fundación de Buenos Aires por Juan de Garay. Como recompensa por sus servicios militares prestados a la corona y a Garay, don Alonso de Escobar recibió en condición de “Merced Real” una propiedad en tierras de la campaña para hacerla productiva. Don Alonso se convirtió así en propietario de una “suerte de estancia” que será denominado “Cañada de Escobar” (que dio origen al actual Partido de Escobar) en donde está la actual Tortuguitas.
Luego de pasar por varias manos hacia fines del siglo XIX dos personas eran dueños de los pagos que nos interesan: don Miguel Parra y el Dr Wenceslao Escalante. La hija de don Wenceslao, Sara Escalante de Maura será quien origine el nombre de la localidad, cuando le ponga el mote de “Tortugas” por su lentitud de juego al equipo de Polo de su marido Antonio Maura.  Dicho nombre fue del agrado de don Antonio quien fundó el “Tortugas Country Club” en 1930. Mientras tanto en la fracción que le correspondía a Parra, tras su muerte se loteó en seis partes. En uno de los lotes, la del señor Blas País pasaba las vías del Ferrocarril Central de Córdoba - extensión a Buenos Aires (hoy FC Gral. Belgrano). Los hijos de Blas cedieron en 1925 una parte por donde pasaba el tren para que se instale una parada. Finalmente y tras el pedido de Antonio Maura en 1947 por decreto N° 16.612 del Poder Ejecutivo Nacional (Presidencia de Perón) se creó la estación apeadero km 40 de Tortuguitas… ¿Lo sabías?

Fernand

viernes, 20 de diciembre de 2013

Este Sábado 21, LOS FURGONES 

nos estaremos presentando 

junto a los amigos de COBRA VIDA,

REYNA SANGRE y SIN IDENTIDAD 

en Raíces (San Miguel) a las 22 hs.


No te pierdas esta posibilidad.

Los esperamos

miércoles, 18 de diciembre de 2013

"Detrás de la Cordillera"
2


La lluvia golpeteaba contra el cubre techo de la carpa. Durante todo ese viernes no había dejado de llover. A nuestro frente el río marrón parecía dormido. El comedor del camping, en cambio, rebozaba de actividad. En las distintas mesas se jugaba a los naipes, a los dados, o simplemente se charlaba animadamente.
 Sobre la costa, unos pescadores que el mal tiempo no había hecho claudicar, se aprestaban a pasar la noche junto al río. Cada tanto, con un aplauso cerrado, se festejaba la buena pericia de algunos de ellos que había conseguido una buena pieza. Por todo el predio estaban esparcidas las carpas y también alguna casa rodante. Bajo el único quincho alguien  trataba de hacer fuego para un asado.  A nuestras espaldas se dibujaban los esqueletos de los puestos de la feria de artesanías, la calle estaba desierta y el atardecer ya se había ido.
-Compadre, venga que tengo el agua lista para el mate- La invitación llegó desde la carpa de al lado.
Nos acomodamos en la carpa de Patricio, un chileno a quien a había conocido  el día anterior en la inauguración de la feria. La coincidencia nos había dejado de vecinos, con el puesto colocado uno  al lado del otro y enseguida  nos comenzamos a tratar como viejos amigos. Patricio era un tipo llano y solidario. Cuando le pregunté como había conocido a un amigo en común: Vladimir Hurtado, jamás imaginé lo que obtendría como respuesta. 
 -Así que querés saber  cómo conocí a Vladimir- Contestó Patricio, que haciendo  una pausa para terminar el mate  agregó:
-Te voy a contar todo. Desde el principio, total tiempo es lo que sobra- Y empezó hablar
Nuestro proceso político, el chileno, lo podemos comparar con un boxeador. Esos pibes pobres, que vislumbran una posibilidad, aunque remota, de ser campeón mundial y se agarran a ella para salir de la miseria. Así nos paso a nosotros.  Años haciendo bolsa, sombra, guanteo, practicando para la gran pelea…
…Lo primero que aprendimos fue a defendernos, a que no nos peguen tanto. La sociedad chilena siempre fue tajante, una elite, hija de la antigua nobleza colonial y prima hermana de la aristocracia rural. Ellos por un lado y por el otro, nosotros, el pueblo: obreros, campesinos, indios, pequeños comerciantes. “Los rotos” como siempre nos llamaron los dueños de Chile. De a poco fuimos aprendimos a cómo pararnos en el ring. Lo más importante que hay que tener en claro, es saber quién es uno, tener identidad de clase. Desde ahí saber elegir tus aliados, ayudarse mutuamente y respetarse. Fue un trabajo de hormiga, año tras año acumulando experiencia, los combates te van trayendo conocimientos, avanzar dos, retroceder uno y de a poco fuimos ganando nuestras primeras peleas, con algunos nockout resonantes. Los triunfos hacen crecer la confianza en tus propias fuerzas, aumenta tu optimismo, te sentís cada día más fuerte.  Las derrotas no te hacen mella si hay capacidad para la autocrítica y así podes seguir avanzando. Pero ojo, nunca hay que dejar el gimnasio, todos los días hay que estar al pie del cañón y jamás dudar en lograr la victoria
Hicimos las cosas bien y el enemigo comenzó a preocuparse. Los grandes periódicos comenzaron atacarnos. Todos los días con grandes títulos escribían sus mentiras y llenaban de miedo todo Chile. Pero a pesar de todos ellos, llegó el gran día de pelear por título… Los embocamos y ganamos por nocaut.
Allende presidente,¡¡¡Que alegría!!! Era tomar el cielo por asalto.  Una fuerza invencible de miles de voluntades cantó y bailó esa noche por todas las calles.  Patricio hizo una pausa, con la cara iluminada de alegría, envolvió el mate en una de sus manos y me lo extendió
 -Fuimos felices entonces, muy felices- Dijo mirando el río que seguía  dormido y por un momento se quedo muy callado. Luego su cara se lleno de tristeza y  continúo relatando  - Pero no sólo hay que ganar el título, lo más difícil es mantenerlo y nosotros no pudimos… Yo soy un hijo más de ese proceso heroico y bello que realizó el pueblo chileno.