miércoles, 12 de febrero de 2014

"Detrás de la Cordillera"
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Patricio y los demás compañeros de la comisión se encontraron con un problema de difícil solución. Cómo cuidar los depósitos de herramientas y de piezas terminadas. Por el momento, se había resuelto cerrar con candados y dejar un compañero en la puerta, pero todos tenían en claro que de esa forma no se garantizaba, que al final de la toma, no se encontrarían con faltantes. Nadie quería pagar un costo semejante ante la patronal. Eran obreros no ladrones
La comisión buscó distintas variantes para afrontar el problema pero la solución no aparecía. El robo en la fábrica era moneda corriente y todos los trabajadores conocían a los integrantes de la pequeña red delictiva. A Patricio se le ocurrió una idea que al resto de los compañeros de seguridad, les pareció muy audaz, pero acordaron en llevarla a la práctica.
Los altavoces de la planta convocaron a cuatro compañeros, todos ellos estaban comprometidos en el robo de piezas. En breves minutos tres trabajadores se presentaron ante Patricio que los recibió en una oficina.
-¿Migueles no esta en la fábrica? Pregunto Patricio
-No, él es mi pareja y ahora esta con la familia. Se apuró a responder Ruiz.
-Podemos ir a buscarlo, si es necesario- Intervino el gallego Pérez, que mostraba  fingida cortesía.
No había duda, los tres trabajadores convocados se sentían temerosos ante el requerimiento. Ellos tenían en claro que la comisión interna conocía de sus actividades y que por esto eran despreciados. Ellos por su parte odiaban a los “monjes rojos”, nombre con el cual se conocía a los integrantes de la interna y por extensión, a  todos los activistas de la fábrica.
-No es necesario. Cuando vuelva, ustedes le comentan lo charlado. Cualquier duda que tenga Migueles, puede verme en cualquier momento. Yo no voy a salir de la fábrica mientras dure la toma. Habló Patricio marcando enfáticamente el último párrafo.
Los tres bajaron la cabeza. Patricio encendió un cigarrillo, deliberadamente hizo silencio y se quedó unos instantes jugando con los anillos de humo que iba formando. Se sabía mirado por tres pares de ojos, pero ninguno  se animó a decir palabra.
- En primer lugar, quiero agradecerles que estén aquí para colaborar... Abrió el diálogo Patricio en un tono que no tenía nada de parecido con el usado con anterioridad y  con el mismo continuó:
-No quiero extenderme en los motivos de la toma, que ustedes conocen en profundidad por haber participado en la asamblea.  Los tres asintieron con la cabeza.
-Pero para llevarla de forma exitosa es necesaria la participación de todos y por eso la comisión de seguridad a pensado en ustedes para que colaboren y se hagan cargo de un sector de la fábrica.
Ruiz antes de hablar miró a sus compañeros, que denotaban asombro en la mirada.
-Mirá Quesada, esto nos toma de sorpresa, no lo tomes como que uno le saca el culo a la jeringa, pero estar en la comisión de seguridad, es mucha responsabilidad.
-Sí, es cierto. Uno no tiene experiencia y es una tarea difícil, donde no se puede improvisar. Acotó Pérez
Patricio asentía con la cabeza y mostraba sumo interés en las opiniones. Esto animaba a sus interlocutores que continuaban dando excusas.  En un momento  Patricio corto en seco la charla y dijo.
- La comisión ha evaluado después de una larga discusión, que ustedes son los compañeros indicados para cuidar los depósitos A y B. En ese momento ingresó a la oficina el pollo Requena, que también era miembro de la comisión de seguridad.
-¿Alguna pregunta? Ninguno dijo nada. Estaban enmudecidos. Patricio continuó:
-Como pueden darse cuenta, no es una tarea complicada. Conocer a fondo las piezas y el movimiento del almacén es primordial y ustedes cuatros tienen sobrada experiencia en eso. Además cuentan con todo el aval de la comisión. Comienzan ahora.
Ruiz estaba pálido, Pérez sonreía nerviosamente. Pelliza que hasta ese momento había permanecido callado, estaba rojo de furia, no se aguantó más y gritó.
-¿Qué carajo te crees que sos?,venís a mandar? Para el depósito no cuenten conmigo, ahora mismo me mando a mudar  y se van todos a la puta madre que los parió.
Requena se le fue encima y Pelliza le tiro una trompada, Ruiz y Pérez se interpusieron y los separaron. Patricio ni se levantó  de la silla y tranquilamente continuó hablando:
-Las puertas de esta fábrica están abiertas para los desertores, no retenemos a nadie contra su voluntad ¿entendiste Pelliza?
Pelliza se había sentado, el sudor le corría por la frente. Pérez hablo queriendo conciliar:
-Es una mierda que lleguemos a esto, de pelearnos entre compañeros. Vos gordo -por Pelliza- no podes putear a todos y amenazar con irte. Pero yo comparto con vos lo que dijiste. Ustedes  no pueden obligarnos a hacer la vigilancia del depósito. Uno quiere colaborar, pero esto es un abuso.
-A ver si nos entendemos de una buena vez, Aclaró Patricio - A ustedes los tenemos totalmente identificados, son los responsables de la mayoría de los robos de piezas de esta fábrica, en complicidad, claro, con el personal jerárquico. Creo que no es necesario que les diga donde se venden las piezas robadas, ni tampoco el estándar de vida alcanzado por casi todos ustedes: autos, amantes y hasta alguna pequeña casa de fin de semana.
-No es verdad, son todas mentiras- Alcanzó a decir Ruiz casi con hilo de voz. Patricio siguió como si nada hubiera escuchado:
-A pesar de conocer todo esto, el comité de la fábrica ha decidido darles a ustedes una oportunidad. Confiamos en que sabrán estar a las alturas de las circunstancias y al final de la toma no habrá ni una sola arandela faltante.
-¿Entonces podemos negarnos a hacer la tarea?- Preguntó Pérez
-Sí, pueden negarse. Acá no se obliga a nadie. Respondió Patricio. Los tres suspiraron con alivio. Requena en cambio miró desconcertado a Patricio, que después de una pausa agregó:
-Es cierto pueden negarse, pero yo los llamaría a la reflexión, porque si ustedes se niegan a cuidar los depósitos, otros compañeros desarrollarán la tarea, pero en el caso en que haya faltantes, los responsables serán ustedes. Por más que demuestren haber estado a kilómetros de la empresa, ¿queda claro? De ustedes es la decisión.
-Son unos hijos de puta, pero nos tienen agarrados de los huevos- Vociferó Pelliza, que era un corrupto pero no un tonto, y había visto desde el principio lo maquiavélico del plan. A su lado Ruiz estaba desolado, Pérez en cambio seguía tratando de conciliar.
-Yo no tengo problemas, quiero colaborar con la toma, pero no me puedo hacer responsable por todos. Te puedo jurar por mis hijos que no me pienso llevar ni un tornillo, ¿pero que pasaría si llega a haber algún faltante, quién será el responsable?. Patricio lo miró fijamente a los ojos, buscó en uno de los bolsillos de su mameluco y puso arriba de la mesa una bala calibre treinta y dos.
-A partir de este momento son responsables de los depósitos. El compañero Requena es el enlace entre ustedes y la comisión encargada de la seguridad. Y sin agregar otras palabras Patricio se retiró de la oficina.

sábado, 8 de febrero de 2014

BARÓN DEL CONURBANO (Parte I)




Jefe total del municipio local,
Nadie ordena más que vos,
Y Los transas, ayer victimas,
Hoy trabajan a tu favor.

Te recibe en su majestuosa oficina,
Puro confort pagado con terror,
Y la obediencia es la escalera para
Ascender hacia un sillón mejor.

Los pibes en los barrios solo al
Puntero ven, excepto cada 4 años
Cuando baja “Él”.

Y los abraza y sonríe y la mejor
Foto, aquella en que parece un líder
Ancestral, irá en la campaña
Presidencial.

Los planes y bolsones acaban con
El hambre, jura, y a quienes los
Reparten podes verlos en las gradas,
Cada acto oficial.

En el centro municipal almuerza la patota,
Esa turbia custodia y su prontuario voraz
Con la que en 4x4 cruzas “Tu” ciudad.

Por las noches en la estación, niñas
Vestidas de mujeres velan la seguridad
Del oficio más viejo del mundo con el
Cual lucras.

La bonaerense te responde y sus balas
Les da a esos mismos pibes de tu foto
Presidencial. Y ahora, cada 24/3 te encolumnas
Tras la bandera de los derechos que a muchos quitas.

Y si en la calle nos quejamos por la zona
Liberada, las escuelas despedazadas, la falopa
En las esquinas y la muerte policial, “cordialmente”
 Nos invitan tus muchachos a borrarnos del lugar.

Pero no es el único responsable.
Solo pequeña parte de un monstruoso engranaje
De una maquinaria nacional y global,
Asentada en la lógica del gran capital.


Patricio López Camelo





miércoles, 5 de febrero de 2014

"Detrás de la Cordillera"
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La asamblea  rechazó en forma unánime la suspensión de actividades indicada por la patronal. Luego continuo en un clima, menos emotivo y más pensante, donde se fueron sucediendo los oradores. Al cabo de tres horas había dos posiciones principales: toma de la empresa con la inmediata estatización, y una segunda, toma de la fábrica con control obrero e iniciar las conversaciones con el gobierno para cuando este lo crea conveniente estatizar. La discusión era ardua y agotadora. Los dirigentes de los distintos sectores usaban todo el poder de persuasión para  lograr que su  moción fuera la elegida, las opiniones estaban por demás reñidas. Cuando ya se habían cumplido las cuatro horas del debate se pasó a votar. Por el canto de una uña, ganó la posición encabezaba  Mena, toma con control obrero y la apertura de las negociaciones con el gobierno para una futura estatización. Patricio votó por la posición perdedora que defendió laboriosamente y con pasión junto a Larraín.. Al final todos juntos cantaron el himno nacional.
La comisión interna en pleno, se puso a la cabeza de la organización de la toma. Todos trabajaban codo con codo, ya no importaba por que posición había votado cada uno. El choclo Mena y José Larraín, eran un ejemplo, momentos antes habían confrontado en la asamblea de forma muy dura y ahora intercambiaban opiniones sobre cómo abordar la tarea. Había una premisa que se respetaba a muerte: lo votado en asamblea es ley para todos.
Se eligieron distintas comisiones con muchos integrantes, todas ellas encabezadas por los miembros de la interna. Política, Organización, Logística, Seguridad, Relaciones Sindicales, Prensa y Familiares. La idea era armar grupos dinámicos, operativos, pero a la vez que pudieran participar la mayor cantidad de trabajadores y con plena democracia obrera.
Patricio se incorporó a una de las comisiones  más importantes. Se hizo cargo de la seguridad de toda la planta, lo que también implicaba cuidar  de la vida de sus compañeros.
Lo primero que hicieron fue reunirse para evaluar las distintas hipótesis del conflicto. Del análisis se desprendía que había que prepararse para permanecer por bastante tiempo en la fábrica, por lo tanto habría  que trabajar en la moral de los compañeros. Si bien este problema no era asunto propio de la seguridad, les parecía un tema de suma importancia y lo iban a tratar en la reunión general. Sin embargo, tomaron medidas, para que desde un primer momento, mantener la moral en alto. La experiencia les indicaba que en los primeros días estarían desbordados de entusiasmo, pero con el correr de los días este iría decayendo. Uno de los factores negativos era que los trabajadores, con el transcurso del tiempo, comenzaban a extrañar a su familia. Por lo tanto se trató de evitar este trastorno y hacer que todos los trabajadores pudieran estar con la familia. La primera medida fue dividir a todos en parejas, que cumplían turnos de doce horas, cuando uno de los integrantes estaba con su familia, el otro debía permanecer en la planta, y no se podía retirar hasta que su compañero regresara. De esta forma se buscaba romper el aislamiento de cada  trabajador con su familia y además se pasaba de un compromiso general a uno personal. Si alguien desertaba de la toma, no sólo traicionaba a todos, si no traicionaba a un amigo.
      Una parte de la comisión trabajaba en el armado y control de las parejas, otro grupo se dedicaba a sellar las puertas de ingreso y egreso de la planta. Sólo la entrada principal quedo habilitada, las demás fueron clausuradas. Los portones fueron bloqueados con maquinarias de rezago. Cinco trabajadores cumplían turnos de cuatro horas, rotaban  de forma permanente en el cuidado de las puertas, todos al mando de un único jefe. En la puerta número uno, todo el dispositivo de seguridad era mucho más complejo. No se había bloqueado con barricadas el portón principal, esta era una decisión política ya que no se quería dar una imagen de caos y violencia. Desde afuera, la planta estaba en una situación de total normalidad, de no ser por una bandera enorme desplegada en el frente  que decía: Contra el golpismo de los patrones, fábrica de los trabajadores. La seguridad en la puerta uno no era evidente, pero no por eso no existía, al contrario, era la parte más cuidada de la empresa.
      Una vez resuelto el tema de las parejas, un primer grupo de trabajadores pudo retirarse para sus casas y el resto se fue incorporando a las distintas tareas requeridas en el marco de la toma.





viernes, 31 de enero de 2014


Policía





Hago un modesto aporte con unos sinónimos de los nunca bien ponderados agentes de la ley:

Botón, cobani, patrulla, comepizza, visera, pasma, tira, yuta, cana, taqueria, federico, bigote, rati, fiche, gorra, tombo, polizonte, azulias, patanegra, etc.

Andrés Varco

miércoles, 29 de enero de 2014

"Detrás de la Cordillera"
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Las clases dominantes chilenas se fueron despojando gradualmente, de la careta democrática y comenzaron  a conspirar abiertamente contra el gobierno popular. El golpe estaba en marcha…
La situación en la empresa no escapaba de la que vivía el país, los gringos estaban comprometidos en el plan general del golpe. La fábrica comenzó a quedarse sin insumos y  esto era fundamental  para el gobierno. Al ser una industria madre, si ésta cerraba, cientos de pequeños talleres también lo harían. Dejar a miles de trabajadores en la calle, eso era parte del plan. Crear descontento social, demostrar de esa forma la incapacidad de la Unidad Popular para gobernar. Los dueños del privilegio no aceptaban que el pueblo pudiera cambiar la historia.
Los acontecimientos en la empresa se aceleraban. Los dueños gringos y sus gerentes locales prepararon una jugada estratégica. Hicieron llover miles de telegramas de suspensión  para los trabajadores. El texto era por demás significativo: Por dificultades económicas y falta de insumos, se suspende la actividad por término de veinte días. La empresa se compromete a pagar la totalidad de los jornales, más plus y viáticos correspondientes.
La maniobra no por burda dejaba de ser audaz, a todas luces se trataba de comprar la conciencia de los trabajadores, abonando el cien por cien de los sueldos y premios, para que estos acompañaran la maniobra desestabilizadora. La empresa además tenía entre los trabajadores su quinta columna.  Un grupo minúsculo pero muy activo, encabezado por turco Modad, operaba en la fábrica tratando de convencer para aceptar la suspensión.
La respuesta dada por los obreros fue contundente...
En la asamblea, participó una multitud de más de tres mil trabajadores. En el playón principal de la fábrica se apiñaban para poder hacer uso de la palabra, el orador se trepaba a una pequeña tarima donde estaba el micrófono.
 Tomás Moncada, pidió la palabra,  era un hombre mayor, muy respetado y  con mucha antiguedad en la empresa.
-Compañeros, los que me conocen saben que no soy de hablar en las asambleas, porque entiendo que hay compañeros que se expresan mucho mejor y que nos representan dignamente, pero hoy es distinto. Desde el mismo momento que recibí este telegrama.  Sacó del bolsillo de la camisa de trabajo el arrugado papel y lo expuso para que todos lo vieran.
-Pensé, que hoy tenía que hablarles, sobre todo a los más jóvenes. Lo primero que quiero decirles, es que no estamos solos, puedo oler en el aire que miles y miles de compatriotas nos están acompañando. Ustedes pueden reírse de las creencias de un viejo campesino, pero les quiero contar que una mañana del año treinta cuatro, olí sangre en el aire y por desgracia no me equivoqué. Allá, en Ranquil, quedaron mi padre y mis hermanos acribillados de cara al sol. Yo fui unos de los pocos sobrevivientes. A veces pienso me dejaron escapar para que les cuente a los demás que luchar es peligroso, que es mejor vivir de rodillas.  Pero yo, no cumplí con el encargo… Toda la vida me la pasé denunciando la masacre, poniéndole nombre y apellido a los rifles que por siempre querían quedar anónimos. La muerte tiene nombres compañeros!!! Son los dueños de Chile!!!- Ovación. Moncada hizo una larga pausa, llenó los pulmones de aire y continuó:
-Hoy, estos señorones quieren que los trabajadores cambien olvido por dinero, quieren que seamos cómplices de sus jugarretas, ofrecen quincenas enteras  para que traicionemos, para que nos pasemos de bando. Es poco lo que tienen para ofrecer. Solamente dinero. Dinero que para ellos lo es todo, es único. Por él, explotan, mienten, corrompen  y nunca debemos olvidar que por él, son capaces de matar. Para finalizar compañeros, en la memoria de todos los caídos que hoy nos están acompañando y en la sangre de mis propios muertos propongo a esta asamblea: dar una respuesta contundente a los gringos y sus lacayos, prender fuego este telegrama infame, como muestra que los trabajadores de la empresa Siderúrgica Chile Sur no traicionan. Terminó de hablar y prendió fuego el telegrama, miles de trabajadores lo imitaron.
-¡¡¡El pueblo unido jamás será vencido!!!- retumbaba por toda la planta.
La intervención de Moncada había dejado descolocado a Modad y sus seguidores. Estos proponían aceptar la suspensión, aduciendo que si no los capitales se irían de Chile dejando una ristra infernal de desocupados. José Modad, el principal referente de la democracia cristiana, era conciliador pero no estúpido, así que, cuando vio que la situación no le era propicia, se calló la boca. El turco era todo un personaje en la fábrica. De joven, dicen quienes lo conocieron, fue un destacado delegado combativo y solidario, pero una vez que entró en la dirección del gremio la buena vida, que incluyó algún viaje a Europa, a los cursos  de los sindicatos libres, lo fueron aburguesando. Ahora de combativo lo único que le quedaba era la historia.

miércoles, 22 de enero de 2014

"Detrás de la Cordillera"
7

Cuando volvió a la fábrica, después de los días de reposo, se sintió emocionado con las muestras de cariño que recibió de sus compañeros. Nunca se esclareció el hecho de las hojas de afeitar ni se pudo hallar al responsable, pero nadie dudaba que se había tratado de un atentado. Fue un gran llamado de atención, que la comisión interna no dejó pasar por alto y tomó nota. Días difíciles se avecinaban para los trabajadores de la empresa y de todo Chile.
Elena había comenzado a estudiar en la universidad y el tiempo que podían compartir era escaso, pero aun así la pareja se consolidaba. Los fines de semana repartían el tiempo entre la militancia y las visitas a los familiares. La familia de Elena no estaba comprometida en militancia alguna, pero eran muy buena gente, sobre todo las hermanas, que le habían tomado mucho cariño a Patricio. Los almuerzos dominicales eran totalmente distendidos y tranquilos. En cambio, cuando les tocaba visitar la casa de la madre de Patricio las cosas se tornaban radicalmente opuestas. La madre de Patricio, Flora, era maestra de toda la vida, y afiliada al socialista desde el mismo momento que abandonó al marido, después que este le propinara una paliza monumental. Todos sus hijos e hijas  eran comunistas o socialistas,  La única excepción, era Leticia que estaba casada con un militar de la marina. Los domingos,  la casa de los Quesada se convertía en un plenario de la izquierda chilena.
      Cuando Patricio les comunicó que había ingresado al MIR, ningún miembro de su familia le dijo nada, aunque tampoco nadie lo felicitó. Uno de sus cuñados comentó en son de broma: que a partir de ahora estaba toda la izquierda representada en la mesa familiar. Nadie festejó el chiste. Por un par de domingos la situación estuvo tensa, después todos se fueron acostumbrando a la idea y respetaron la decisión tomada.
Elena, en cambio, la aceptó a regañadientes. Lo que más le molestó, fue el hecho de que la decisión había sido tomada unilateralmente; así pensaba y así se lo hizo saber
-En un tema de esa índole, que nos compromete a los dos, no puede ser sólo tuya la decisión. ¿Para qué somos una  pareja? Los dos tenemos las mismas atribuciones
Estaba totalmente ofendida con la actitud de su marido. Patricio reconoció sinceramente su error, pero no podía hacer otra cosa que pedir disculpas. Elena no las aceptó y además se negó terminantemente a militar en las filas del MIR.
Días después un hecho vino a empeorar la situación. Una mujer la visitó y le pidió si podían intercambiar unas palabras. Elena la conocía de vista, de alguna actividad política y la tenía identificada como una militante del MIR, la hizo pasar y compartieron un café.
La mujer fue directamente al grano, demostrando no tener ni un mínimo de tacto:
-Lo que quiero comunicarte no es nada personal. Si no fuera por pedido de la organización, no estaría en este lugar porque no me gusta meterme donde no me llaman.
-Comparto esto, pero me parece que no sos demasiado consecuente con tus ideas Ironizó Elena, mostrando los dientes para la pelea. La mujer no acusó recibo y continuó como si nada hubiera escuchado
-Cuando uno toma la decisión de ingresar en una organización revolucionaria como la nuestra debe aprender, y rápidamente, que todas las opiniones personales deben tratarse en el colectivo
-A mí me parece muy bien que se manejen de esa forma, pero es tu organización, no la mía. Y por lo que parece mi marido ya fue al confesionario y ahora me vienen a exorcizar.   Elena jugaba con la ironía pero su rabia aumentaba.
La mujer se acomodó en el sillón, resopló con fastidio, luego continuó.
-Creo que nos estamos yendo de tema y es conveniente volver a él. Nosotros hemos evaluado que vos tendrías que replantear tu posición con respecto de la militancia de tu compañero. Nos parece, sin ánimo de ofender, que es pequeño burguesa….
Elena enrojeció de furia y estalló
-No lo voy a permitir, te vas inmediatamente de esta casa!!!  Y señaló la puerta. Cuando se quedó a solas se puso a llorar.
Patricio, al volver a la casa, encontró la carta arriba de la mesa. Allí, Elena  le explicaba  lo sucedido por la tarde y también le comunicaba que por el momento necesitaba estar sola unos días. Patricio quedó devastado pero sin perder tiempo salió a buscarla. Mayúscula fue su sorpresa, cuando no encontró Elena en casa de sus padres, pero no se desanimó y fue hasta la universidad. Allí tampoco la encontró y volvió para su casa
Al abrir la puerta de calle, el corazón le dio un brinco. Había luz en la cocina y eso indicaba que Elena estaba de vuelta. La conversación fue muy dura. Patricio se tuvo que hacer cargo de todos los errores  Al final acordaron que a partir de ese momento en la militancia cada uno era un ser totalmente independiente, pero en el caso que una de las partes con su decisión comprometiera a la otra, esta tenía que estar al tanto. El sol asomaba cuando  ya reconciliados se metieron en la cama.


sábado, 18 de enero de 2014




FÚTBOL PAMPA II







Es muy difícil precisar cuando nació la tradición, pero era bien representativa de nuestro barrio.
Todas las navidades y años nuevos se repetía el rito: brindis con la familia, juntada con los amigos, recorrida por todas las casas y truco y vino tinto en lo de chucha esperando el amanecer. Y ahí sí; partido de fútbol mañanero con todos los sobrevivientes, no importando su edad o condición.
Sería la navidad del ´74 o ´75. La cancha que entonces utilizábamos estaba a la altura del 80, pero metida como cien metros en el campo. Verano; pastizales y cardos, y en el medio ese remanso de tierra y pasto pisado. El rocío leve de la mañana y un montón de despojos humanos, con mas alcohol que sangre en las venas, tratando de jugar al fútbol y logrando, apenas, tenerse en pie, tirar patadas que casi nunca encontraban la pelota y casi siempre las piernas del adversario y protestando todo, discutiendo boludeces de borrachos y riéndose de chistes geniales que en poco tiempo eran absolutamente olvidados.
Si alguien cree que eso era decadente, tal vez tenga razón; pero era hermoso.
La mañana de marras el partido que la tradición mandaba se desarrollaba como siempre. En determinado momento, el pampa tomó la pelota, intentó una gambeta contra un rival que solo existía en su imaginación alimentada por los vahos del alcohol, se enredó en sus propias piernas y cayó en el centro de la cancha al grito de –Foul!. Por supuesto el partido siguió.
El pampa había caído boca abajo y, mientras todos seguíamos intentando saber cuál de las dos pelotas que veíamos era la real, él repetía –Foul,…foul…, cada vez con menos fuerza, hasta que su voz se apagó por completo.
Dos cosas decidieron al resto a actuar: la primera es que muchos se lo llevaban por delante. La segunda es que cada vez roncaba más fuerte.
Unos lo agarraron de las piernas y otros de la cabeza. Lo sacaron de la cancha y lo tiraron en los pastizales para que siguiera durmiendo la mona.
El partido continuó hasta que el sol subió lo suficiente como para partirnos la cabeza de dolor. Ahí cada uno se fue a su casa.
Por supuesto, ni idea del resultado, y no hablo de hoy que pasó mucho tiempo; en ese momento tampoco nadie sabía como habíamos salido, así que todos nos imaginábamos que habíamos ganado.
Con Gustavo fuimos a su casa y decidimos quedarnos despiertos hasta el mediodía, cuando las viejas se levantaban, comer lo que había quedado de la noche anterior y luego sí, ir a dormir todo lo que el cuerpo pidiera.
Boludeamos en la casa del negro toda la mañana. Al mediodía, nos fuimos a sentar al banco del 40, para evitar que nos asignen tareas hogareñas.
Estábamos ahí, haciendo nada, cuando vimos un bulto que se incorporaba en el medio del campo. Recién entonces nos acordamos del pampa. Nos acercamos y vimos como desaparecía en el pastizal para volver a incorporarse al rato, dar unos pasos vacilantes, caer, levantarse, meterse en la pequeña zanja que estaba en el borde del campo, llegar por fin hasta la calle, cruzar, pasar a nuestro lado mirando sin ver, todo picado de bichos y lleno de cardos pegados a su ropa y encarar a los tumbos hacia el 54.
Lo seguimos. 3 o 4 caídas más y llegó a la puerta. Doña Pocha le abrió y le descerrajó una puteada. El pampa contestó algo que no entendimos. Nos retiramos pudorosamente mientras nos cagábamos de risa descaradamente.






Alberto López Camelo