viernes, 22 de agosto de 2014

Detrás de la Cordillera 
37

Una mañana se abrió la puerta del calabozo y dos soldados lo llevaron de nuevo hasta la oficina. El mismo oficial de la golpiza anterior lo recibió con una sonrisa.
-De nuevo nos vemos las caras güevón, para hoy te preparamos otra sorpresa-
Patricio bajó la mirada y  sintió que el miedo le anudaba las tripas.
-¡Cabo que traigan al prisionero! - Ordenó el oficial
Cuando lo ingresaron a la rastra, Patricio lo reconoció de inmediato, a pesar que era un despojo humano. Era el contacto del partido comunista que había estado en su casa.
-A ver vos, reconocés a este rotoso. Habló el oficial señalando a Patricio
El detenido con un movimiento resuelto se soltó de los brazos de que lo retenían y parándose firme sobre sus piernas, dijo con voz enérgica
-Tiene que dirigirse a mí con respeto teniente, aun sigo siendo un capitán del ejército chileno y un superior suyo ¡Firme, carajo!- Ordeno
El teniente dudó por un instante y se cuadró ante el detenido. La situación era absurda  y así lo entendió el oficial, que recuperando su postura contestó
Usted ya no es un capitán del ejército chileno, sino un traidor a la patria, que cambió nuestra bandera por un sucio trapo rojo
- Los únicos traidores son ustedes, que violaron el mandato de la constitución y están llenando las calles de sangre. Es una pena teniente, usted es muy joven, algún día se va arrepentir de esto. Mas temprano que tarde el pueblo les va pedir cuenta.
El teniente lo escuchaba y su cara se iba enrojeciendo, en un momento no se pudo contener y con un golpe sacudió la cara del capitán, pero éste, continuó hablando…
-Me puede golpear teniente, puede matarme una o diez veces, no importa, ustedes están derrotados por la historia, podrán demorar este proceso pero jamás detenerlo
Furioso el teniente lanzaba golpes para hacerlo callar, cuando lo consiguió  le preguntó:
-¿Lo conoces o no a este cabrón?
El capitán se tomó su tiempo para contestar, miró a Patricio de arriba a abajo y luego dijo
-Teniente, por favor acérquese. Desorientado, el teniente miró a sus asistentes y con cautela se acercó.
-Más cerca teniente, es muy importante lo que le tengo que decir-
Cuando los dos hombres estuvieron enfrentados a pocos centímetros, el capitán escupió con todas sus fuerzas en la cara del teniente
 -No lo conozco, nunca lo vi. en mi vida ¡Pendejo cobarde!.  Con desprecio, y bien fuerte para que todos escuchen respondió el capitán
El teniente enloqueció, volvió sobre sus pasos y sacó de un cajón del escritorio una pistola que descargó hasta el último tiro sobre el capitán. Al sacar a Patricio de la oficina, uno de sus carceleros patinó en el inmenso charco de sangre y terminó en el piso.








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