sábado, 1 de noviembre de 2014



COMO EL AGUA CUANDO SUBE


Sueño que se me pudren los pies, de manera asquerosa.

Y aquello que debemos hacer para salvarnos del naufragio no lo hacemos porque parece que no nos importa.

Y me despierto y entiendo la leve diferencia entre un estado y el otro: Rabia. De la que es hermana de la impotencia.

Pero mientras vivo una parte sigue aletargada en un mismo rumbo paralelo y constante, donde pienso-sueño que se puede hacer algo para torcer lo inevitable.

Donde las palabras no ahogan las acciones: las ensalzan para que sean contadas y se desparramen como un virus que te despierta de la larga siesta de décadas que muchos llevamos, entre el confort algunos, el día a día otros y el hambre demasiados.

Aunque porque sería yo el que sepa esas palabras para despertar.

Un sueño-pensamiento que acosa a muchos aunque así no lo creamos. Que ha acosado a muchos más en otros años pasados: El de saber qué hacer para cambiar el rumbo.

Mientras, el agua sube, inevitable, incontenible.

Su acometida brutal desespera cuando sabemos que todo lo mojado tardara en secarse.



Patricio López Camelo



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